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Cuando el fútbol se vuelve loco

“Qué bonito es el fútbol cuando se vuelve loco”, dijo Miguel Ángel Román en la famosa narración del Valencia-Getafe de la Copa del Rey 2019. Anoche en la Liga de Campeones vivimos una jornada para la historia. La sorpresa del Sheriff en el Bernabéu, la remontada del Atlético en Milán, el primer gol de Messi en el PSG… Aunque, quizás para los madridistas, el fútbol fue de todo menos bonito, seguramente una mierda.

Lo mejor de la jornada comenzaba a las 21:00 horas. A los ocho minutos de partido, en el partidazo del día, Gueye abrió el marcador en el derbi del petróleo entre PSG y Manchester City. Los parisinos se adelantaron con el gol tempranero, pero el conjunto de Pep Guardiola llevó el control del partido. Minutos después, el larguero se opuso en el camino de los ingleses por partida doble; primero Sterling de cabeza y luego a Bernardo Silva se le hizo pequeña la portería.

Coincidiendo con esa acción, se abrió la lata en el Bernabéu. Saltó la sorpresa con el gol del Sheriff en el 25′. Un tal Cristiano puso un centro y un jugador de nombre impronunciable cabeceó para hacer soñar a los de Transnistria. El Madrid más impotente de la temporada no conseguía batir al portero rival, griego de nacimiento y también con un nombre impronunciable. Los blancos parecían comerse el mundo en liga, pero tuvo que llegar el equipo con nombre de policía para detenerlos en Europa.

Mientras tanto en Milán, sucedía una película que ya conocía el Cholo. Empezar perdiendo en Milán no era algo nuevo. Ni en Milán ni en esta temporada. Otra vez le tocaba remar a contracorriente al Atlético con el gol de Rafael Leao en el 20′. Los fantasmas del pasado se frotaban las manos para volver a protagonizar otra pesadilla europea a los colchoneros, que ni con un jugador más sobre el césped lograban inquietar a Maignan.

En la segunda parte de los encuentros, el ritmo no cesó. Pasada la hora de juego, el Real Madrid empató de penalti con gol de Benzema. El piscinazo de Vinícius estuvo a la altura de la ejecución del penalti del francés. Un diez para los dos. El empate sabía a poco a los vikingos y Ancelotti sacó toda la artillería para aplastar a los moldavos. El Madrid se cansó de darle vidilla a los visitantes, pero estos se acomodaron de tal manera que hicieron el definitivo 1-2 en el 89′. Sebastien Thill, este sí con un nombre más sencillo, hizo el golazo de su vida para enmudecer al feudo blanco. Nadie sabía dónde meterse para soportar semejante bochorno.

Volviendo a París, Leo Messi encontró de nuevo a su amado gol. Un zurdazo inapelable por la escuadra, al más puro estilo del argentino, puso el definitivo 2-0 en el Parque de los Príncipes.

El Atlético de Madrid siguió a lo suyo mientras en Milán: descubrir si el portero tenía manos. Simeone junto todos sus jugadores en ataque, y que inventen debió pensar. Entre Lemar, Joao Félix, Correa, Suárez y Griezmann consiguieron hilar una buena jugada para que el “principito” reventase una volea y enmudeciera todo San Siro, y a más de un rojiblanco. Como viene siendo costumbre, el jardín de flores de Zizou ha sido trasplantado al jardín de Simeone. En el descuento el Atlético se encontró con un penalti para dar la vuelta al partido. El escenario no podía ser más aterrador. Penalti en el descuento, en la misma portería en la que se ejecuto la tanda de penaltis de Milán 2016 y con Suárez como lanzador que llevaba seis años sin marcar fuera de casa en UCL. Un golpeo ortopédico del uruguayo desató la locura en Milán, culminando otra remontada más y esquivando todos los fantasmas del pasado.

El Atlético por partida doble, Leo Messi y los muchachos de Tiraspol fueron los grandes vencedores de una jornada europea que pasará a la historia.

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