Sesenta años del Diego

Diego Armando Maradona nació el 30 de octubre de 1960. Probablemente nadie en aquel día imaginó que había nacido el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos. Por lo menos de su fútbol, porque el Diego jugaba a un deporte que, si bien todavía conserva algo de esencia, no se parece en nada con el que se ve ahora por televisión.

El jugador más admirado del mundo nació en el seno de una humilde familia y fue el quinto de ocho hermanos. Creció en un barrio donde la pobreza estaba a la orden del día y se formó jugando en las canchas del barrio. Quizá sólo así sea posible entender la forma de desenvolverse que tenía el argentino en los terrenos de juego.

Maradona jugó a un deporte en proceso actual de extinción. El balompié practicado a finales de los 70 y en las décadas de los 80 y 90 era un deporte fascinante. Puede que mucho menos profesionalizado que el fútbol actual, pero más duro, físico y popular, sobre todo popular. Porque el fútbol es el deporte de todos; poco importa la estatura, la procedencia o la corpulencia de un jugador, lo único que importa es si sabe o no jugar al deporte rey. Y de eso Maradona sabía un rato.

Nápoles le vino, en un principio, como anillo al dedo. El futbolista que debutó y maravilló en Argentinos Juniors y, posteriormente, en Boca Juniors debía brillar en Europa con una intensidad que casi ningún jugador extracomunitario había conseguido alcanzar en las competiciones con más prestigio del mundo. La Serie A del momento proporcionó a Maradona la oportunidad de reivindicarse de verdad, de demostrar al mundo que el sur podía ganar al norte. Y ganó, pero de qué forma lo hizo.

Maradona tenía una habilidad común con su compatriota el Che Guevara. La facilidad de recordar su rostro o de plasmarlo en cualquier soporte hace del futbolista argentino un hito mundial fuera del campo. Nápoles se vistió con los colores del Diego y comenzaron a aflorar murales y pintadas endiosando al mejor jugador de la historia del club. Italia no le vino grande, más bien se calzó su bota.

Maradona dejó para el recuerdo goles y actuaciones impecables con la albiceleste. El jugador argentino tuvo su cénit en el mundial de México 1986 en el que consiguió levantar el trofeo más ansiado del mundo. Una mano que acabó en gol en un partido que recordaba a la guerra, un gol en una jugada en la que parece tocado por los dioses y una galería de imágenes tras la final que definen a la perfección al mejor Maradona pueden formar una idea de la categoría de jugador que los actuales jóvenes se perdieron.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *