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Vencedores y vencidos

No fue hasta el último minuto de fútbol de esta atípica temporada cuando el Atlético fue campeón de la liga. Sin embargo, los del Cholo ya se sentían vencedores antes del inicio de la última jornada. Es el aura de los elegidos por el Dios del fútbol, una sensación de implacable desarrollo que nubla el destino alcanzable por el resto de competidores: perdón, pero ya no tenemos mesa; la gloria está reservada.

Mientras que el Madrid jugaba la pachanga del domingo entre colegas retirados, el Atlético asedió la portería de un Valladolid de segunda. Los de Pucela estaban descendidos hasta con la victoria. Pero ahí siguieron para orgullo de Castilla. Y en el despiste de una contra, se prendió la ilusión de los madridistas. Pero en Valdebebas, como si nada. Y Yéremi Pino hizo el gol de la mitad de la capital. Ni en el recóndito pensamiento del más pesimista de los blancos cabía la posibilidad de una tercera entrega de Las ligas de Tenerife.

En esas se encontraban los dos aspirantes al título, aunque uno con más prisas que el otro. Porque de perder los dos, los de rojo y blanco coronarían a la estatua del tridente y los de sólo blanco, una temporada por encima de sus posibilidades. Ángel Correa, nombre jamás mejor puesto, se vistió de Ricardinho para regatear en una baldosa las posibilidades de Zidane para no despedirse con las manos vacías. Un punterazo y aquí estamos, otra vez.

Luego llegó un chaval que está empezando. Un tal Luis Suárez repudiado en la ciudad condal. Corrió como para agarrar el trofeo y definió para levantarlo. Se acabó la historia de la mejor liga del siglo. El Madrid acabó ganando porque es lo que tocaba. Benzema y lo que queda de Modric remontaron en el Di Stéfano, pero ya era tarde.

El «¿y si sí?» se quedó en una mera afirmación sin interrogante. El Cholo ha ganado la liga. El Atleti también, pero es que el míster es ya más colchonero que el Calderón. Patrimonio de un equipo liderado. Y Neptuno hasta arriba. Los madridistas pidiendo a Floren una limpieza a fondo del vestuario. Se ve que el presi no lo pilló y en vez de despedir a media plantilla en los años pasados, contrató más personal para higienizar las estancias.

Suárez llorando, los jugadores celebrando en el aparcamiento y Neptuno hasta la bandera, nunca mejor dicho. Es el turno de cantar, supongo; aunque a estos no hace falta animarles demasiado. La estampa se completa sola con el otro lado de la moneda. La cruz para un equipo que mereció menos de lo que tuvo, aunque lo que tuvo lo ganó como casi siempre, pero perdiendo como nunca. Tampoco hay mucho que reprochar. Dice siempre mi padre que así es la vida; unos comen y otros miran.

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