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Lo que le pasó al diez

La pasada semana caí por casualidad en uno de los artículos que recoge El penúltimo negroni de David Gistau. El libro resulta de una recopilación de excelentes retazos del mejor columnista de los últimos tiempos. El texto en cuestión trataba la abismal diferencia entre el ídolo de un país, Maradona, y el jugador elegante que fue Zidane. Más bien de las consecuencias de su carrera en el futuro. Mientras que Zidane se mantenía como un personaje sobrio y respetable, Diego Armando se arrastraba, casi literalmente, por televisiones, actos publicitarios o partidos de fútbol.

Maradona no murió de éxito, pero casi. El argentino nunca podría caer a los infiernos dentro del terreno de juego porque el fútbol corría por sus venas. Maradona era el fútbol, pero también otras muchas cosas. Además del balompié, ciertas sustancias de dudosa procedencia galopaban por su torrente sanguíneo hasta convertir al Hércules particular de la Argentina en una sobra de la caricatura del jugador que llegó a ser.

Recordaba Gistau aquella aventura de Maradona como entrenador de la Selección Argentina avocada al fracaso. El diez ya no estaba entre los once. Y los que tocaban la pelota en los partidos del mundial estaban más a no defraudar a la leyenda que a hacer historia. Y eso pasó. «Que la sigan chupando» dijo en rueda de prensa un tipo cuyos mejores años no se divisaban ni con prismáticos.

Todo viene por la inauguración de una pequeña oficina, la nuestra. Un espacio en el que escribir, grabar, ser y estar adornado por un par de posters. Uno es un cartel publicitario de Muhammad Ali que anuncia la pelea contra George Foreman. En el otro aparece Maradona a modo de estampa icónica similar a las que se pueden encontrar del Che Guevara. Anduve un buen rato con ambos en las manos pensando en si comprarlos o no. Al final decidí que era mejor eso que una pared desnuda. Y aquí están colgados formando una extraña pareja.

En la imagen, Maradona perenne, quizá en uno de los partidos de México 86. Inmutable, eterno en su juego. Corriendo delante de los defensas ingleses y marcando goles con la mano mientras el estadio repleto se viene abajo. Claro que para la gente de esta redacción, los tiempos del Diego permanecen en los anaqueles de los melancólicos ya algo mayores. Nosotros lo vemos en Footballia y no podemos de dejar de preguntarnos qué es lo que le pasó a ese diez.

Para los contemporáneos al jugador, no habrá más misterio que ninguno. Pero yo no me lo sacaré de la cabeza cada vez que pise esta oficina.

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