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Florentino no se baja los pantalones ante nadie

La marcha de Sergio Ramos del club blanco podría catalogarse como la crónica de una muerte anunciada. Para unos ha sido un jarro de agua fría, sobre todo para los madridistas más fanáticos. Para otros, los que aún conservan un poco de dignidad y orgullo propio, ha sido todo un alivio. El club no pasa por la mejor situación económica y otros jugadores (Modric) aceptaron renovar un año más con bajada salarial del diez por ciento incluida. Esto último no parecía entrar en los planes del camero que, no contento con no aportar con la rebaja salarial, quería más dinero aún. Probablemente necesite más presupuesto para la siguiente temporada de su documental. Que no se diga que no lo ha intentado hasta el último día.

La figura de Sergio Ramos en el Real Madrid podría definirse con una palabra: liderazgo. O con otros términos menos católicos: cojones. El tipo reúne todos los requisitos para ser un ídolo de masas. Tiene celebraciones carismáticas, el cuerpo lleno de tatuajes, peinado y barba siempre a punto antes de los partidos, un documental propio, goles memorables y un palmarés infinito. Su jerarquía en el césped se hacía notar con sus expresiones tan características. Por no hablar de sus chiflidos a las ovejas que se cree que tiene como compañeros. Bueno, tenía. Tras dieciséis años en el club se echará en falta.

«Jugaría gratis en el Real Madrid»

Esa frase rezaba la portada del 31 de mayo de 2019 del diario Marca. Entonces China ponía ojitos al ya ex-madridista. Pero años antes fue el Manchester United. No será por pretendientes. Ahora parece ser que el PSG es el mejor colocado para llevarse al sevillano, pero seguramente se venda al mejor postor.

El palmarés de este hombre es indiscutible y está al alcance de un grupo muy selecto de jugadores. Jugador de época para el conjunto de la capital que se verá emborrado por su marcha por la puerta de atrás. Media afición a sus pies y la otra mitad en contra.

El jugador se despedirá mañana a las 12:00 horas en una rueda de prensa telemática, para no perder la costumbre que tiene el club blanco de despedir a sus leyendas con la máxima frialdad posible. Casillas, que no es un jugador cualquiera, se despidió solitariamente en una rueda de prensa entre lágrimas. Pocos como él amaban al club y le echaron, como no, por la puerta de atrás y a patadas. Cristiano Ronaldo con una carta que probablemente ni siquiera escribiese él. Y, el más reciente, Zidane rajando del club en un periódico deportivo nacional.

En cuanto a su recambio en el verde, Florentino ya hizo los deberes con tiempo cerrando el fichaje de David Alaba. De Florentino se podría hablar largo y tendido, pero sus decisiones, como casi siempre, suelen estar acertadas.

Por mucho que Sergio Ramos haya dado al club, el futbolista no está por encima de él, o al menos no debería estarlo. Y para Florentino esto es un mantra irrefutable. Ni Di Stéfano estuvo por encima del club ni lo estará nadie. Los jugadores son pasajeros pero el honor del club es para siempre. Y Sergio Ramos le ha faltado al respeto al Real Madrid.

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