Resultados de fútbol EN DIRECTO

Futbolicidas

Qué largas son las semanas cuando el fútbol no espera como remanso inconmensurable de afición y jolgorio disfrutón. Los fines de semana de otoño, invierno y primavera ofrecen un refugio en el que esconderse, al menos durante noventa minutos, del mundo: el fútbol. Ese deporte que Valdano definió como una preciosa mentira que salva al hastiado de la desesperación.

Sin embargo, parece que la élite que hoy día maneja los hilos del deporte rey se ha empeñado en destruir un invento centenario. El fútbol, tal y como lo conocemos, podría estar en serio peligro de extinción. La FIFA, la UEFA y los clubes-estado han implantado una idea de fútbol que no se parece en nada a lo que los aficionados adoran. Ahora ya no hay balompié, sino una ilusión de lo que un día fue.

Las temporadas acumulan cada vez más partidos. Y como todo el mundo sabe, más cantidad no tiene por qué ser sinónimo de calidad. Así pues, el ritmo suicida del futbol moderno, que nunca duerme, acaba por cansar. Ligas nacionales, competiciones continentales y parones de selecciones. No siempre más fue mejor. Pero lejos de proponer un cambio drástico de panorama, los grandes del fútbol se alían entre sí para juntar poder y prolongar su absurdo.

Dicen que el fútbol es caro, pero yo discrepo. Pocos deportes son más baratos y accesibles que el fútbol. Sólo se necesita una pelota y algo que sirva de portería para jugar. Y de esa esencia no queda casi ni el recuerdo. Porque ahora se debe hacer todo a lo grande, como si no fuera el deporte del pueblo, sino el de los dioses. Estadios gigantes, jugadores aislados y camisetas que cuestan más de cien euros.

La FIFA, en su interminable afán por el dinero y la corrupción, adjudicó un Mundial a Catar que tiene previsto jugarse en diciembre de 2022. Miles de obreros fallecidos engrosan una lista del desastre que parece no importar a nadie. La UEFA se ha hecho amiga de los grandes jeques que controlan equipos dopados con petróleo y escapan del control moral y financiero. Así las cosas, el PSG se puede permitir pagar a Neymar primas por saludar a los aficionados y por no hablar de Dios.

El fútbol se ha convertido en un espectáculo poco reconocible. Ya la ausencia de público en las gradas por la irrupción del Covid-19 hizo que se replantearan algunas cosas, pero lo de seguir con los parones FIFA cuando no han transcurrido ni cuatro jornadas desde el comienzo de las ligas es demencial. Y en esas estamos mientras que muy pocos se plantean serias reformas. La constante inflación en el mundo del fútbol ha producido un incremento en el precio por disfrutar de tu equipo hasta llegar a una situación inasumible.

Mientras que los aficionados pagan más de cien euros al mes por poder ver la liga, los oligarcas llenan sus arcas de dinero fraudulento proveniente de Oriente. En algún momento la noria se parará y comenzará la reestructuración del panorama futbolístico. Pero parece que, hoy por hoy, el momento está lejos. Ahora a disfrutar de parones de selecciones mensuales mientras que futbolistas cada vez menos brillantes se arrastran por los terrenos de juego.