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«Lemaradona» y diez más

Ya comparé al mítico «10» argentino con el mejor «10» argentino de la actualidad que, casualmente, juega en la liga española y en el Atlético de Madrid. El espíritu de «El Diego» deambula a su antojo por los cuerpos de unos pocos futbolistas elegidos por la mano de Dios. Últimamente, de manera totalmente alterna, otorga su deidad a Ángel Correa y Thomas Lemar. Si uno no está bien es porque el otro ha acaparado todo el poder del «pelusa», no encuentro otra explicación. Y es que el buen juego del Atlético de Madrid no se entiende sin un buen Thomas Lemar.

La historia de Thom es digna de estudio por el esfuerzo del jugador y la cabezonería de su entrenador. El francés llegó al Atlético en el verano de 2018 como el colega de Griezmann, mientras ambos estaban en Rusia jugando el Mundial que finalmente ganaron. Su fichaje, mirando más allá de lo que iba a poder aportar deportivamente, tenía una perspectiva muy clara: traer a los colegas de selección de Antoine para que «el principito» se quedara y convertir al equipo en Club Atlético Franceses de Madrid. El chaval no parecía nada malo. Sus highlights de Youtube eran increíbles: fintas, dribblings, alta capacidad asociativa, una zurda de oro, etc. En definitiva, un jugador que Simeone no tenía y necesitaba.

Su debut no pudo ser mejor: partidazo en la Supercopa de Europa en Tallin, frente al Real Madrid y de titular. Casemiro tuvo varias roturas de cintura debido al recital de giros y controles orientados que dejó Thom. Los rojiblancos se llevaron el trofeo y vieron cómo los 80 millones que costó el francés iban a estar amortizados muy pronto. El siguiente partido fue contra el Valencia en liga y la titularidad de Lemar era obligatoria. Su partido estuvo a la altura de lo que mostró en Tallin, pero el equipo no pudo pasar del empate en Mestalla.

Su primer gol llegó en la jornada 5 contra el Getafe. El jugador desatascó el partido en el Coliseum con dos golazos. El primero fue un zurdazo desde 30 metros, como los que hacía en el Mónaco, que rebotó en David Soria y entró. El árbitro no le concedió el gol al jugador, pero más tarde se resarció con un doblete moral.

Celebración de Lemar ante el Getafe

Sin embargo, sin explicación alguna, el rendimiento del jugador empezó a cesar. Bueno, quizás la explicación la tuviera Simeone. A su innegable talento y calidad le faltaba algo que para el Cholo era crucial: sacrificio en defensa. Es por ello que el jugador, algo mermado, no dejaba esos destellos de calidad debido a tener que estar más centrado en defender que atacar. Su posición el campo también cambió, ya no correteaba por toda la mediapunta de un lado a otro, sino que se quedo fijo en la banda izquierda y no vimos nunca más sus disparos lejanos.

Al año siguiente, ya con la marcha de Griezmann y Lucas Hernández, el bueno de Thom vio cómo se quedaba sin compatriotas y sin hueco en el once. Su nivel, lejos de mejorar, siguió decayendo. Incluso Simeone confió tanto en él que, en ocasiones, jugó cuando no tenía nivel para aportar al equipo. Los aficionados, cada vez que veían jugar a Lemar, sentían cómo les sangraban los ojos. Su venta era pedida a gritos, pues su inversión era difícil de recuperar.

Pero, para suerte de Thom, algo cambió en la temporada 2020-2021. Simeone probó a colocar al francés como volante izquierdo en una 5-3-2. Los aficionados no entendían cómo podía seguir confiando el Cholo en él. La verdad es que no quedaba otra, su valor de mercado cayó empicado. Para sorpresa de todos, el jugador empezó a cuajar buenos encuentros y, más allá de ser algo casual, Simeone encontró el equilibrio perfecto para potenciar su gran calidad y el compromiso en defensa. Todos los que habíamos abandonado el barco del francés allá por 2018 nadamos a braza el océano para poder volver a subirnos. Y, lejos de que nos rechazaran, el bueno de Thom fue compasivo con nosotros y nos aceptó. No ha sido el más tribunero en los tres años que lleva aquí, pero nunca ha tenido una mala palabra ni con el entrenador ni con el club.

Lemar fue abandonado por sus compatriotas y, aunque uno de ellos ahora haya vuelto, el bueno de Thom sabe perdonar, al igual que Jesucristo. Lemar es lo más parecido a un Dios en la tierra, una especie de Kanté, pero con barba y más flow. Y si hablamos de dioses hay que hablar de Maradona. Por lo tanto, no veo ningún fallo en la comparación ni me parece exagerada.