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Todos quieren ser Mateu

Algunos periodistas no quieren hablar de árbitros y prefieren centrarse solo en lo táctico, algo que es totalmente respetable. Otros dicen no mojarse en las decisiones polémicas del señor colegiado hasta que su equipo es el perjudicado. El arbitraje también forma parte del deporte y no debería ser algo malo criticar los fallos y aplaudir los aciertos. Esto último es muy difícil de ver, sobre todo en España. Y esto no es una crítica ni quiero que se alabe más a los árbitros, más que nada porque el nivel aquí es paupérrimo.

El nivel de arbitraje en la Liga Santander es, me atrevería a decir, el peor de todas las ligas europeas. Todos quieren ganarse su fama o, como se dice coloquialmente, «chupar cámara». Sería interesante analizar un partido y ver cuántos primeros planos le concede la realización al árbitro.

A lo largo de mi experiencia viendo fútbol he descubierto varios personajes con un silbato en la boca. Desde los tiempos de Rafa Guerrero e Iturralde hasta el cuerpo arbitral que hay hoy en día. Quizás, el que tenga mayor nombre, prestigio y carisma de los que están en activo sea Mateu Lahoz. No vamos a descubrirle a día de hoy, todos sabemos su personalidad en el campo. No le voy a dedicar este artículo, aunque lo parezca. Prefiero centrarme en el resto de árbitros que quieren ser como él. Veamos algunos ejemplos, los cuales me he tomado la libertad de llamar «Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis».

Jesús Gil Manzano

Jesús Gil Manzano, perteneciente al comité extremeño, lleva desde 2012 haciendo de las suyas en la Primera División española. Su mirada desafiante muestra una persona totalmente desquiciada. No le importa encararse y mostrar su superioridad moral ante ningún jugador. Estos adjetivos se repetirán con el resto de colegiados, todos siguen el mismo patrón. Su acción polémica más reciente tuvo lugar esta misma semana en el Alavés – Elche, aunque cualquier equipo español tendrá sus motivos de queja porque alguna vez se habrá visto perjudicado por este personaje. Al conjunto ilicitano le privó del empate en Mendizorroza en una acción calcada a la famosa de Mbappé contra España en la final de la Nations League. La misma acción fue sancionada por fuera de juego en esta ocasión.

Algunos jugadores, como Stefan Savic, le recriminan que es imposible dialogar con él durante el encuentro.

Se podrían poner muchos ejemplos de errores suyos y de como manifiesta su soberbia y chulería, pero esta acción en un Real Sociedad – Villarreal lo refleja a la perfección.

José María Sánchez Martínez

Por su aspecto, podría ser fácilmente el asesino de una película mala de domingo por la tarde. Arbitró el último clásico y no defraudó. No pitó un posible penalti a Vinicius Jr. en un tipo de acción que no sería la primera vez que se ve señalada como pena máxima.

De todos los árbitros que vamos a ver él es el único con un superpoder: es capaz de ver un fuera de juego milimétrico sin necesidad de la líneas que proporciona el VAR. Esta vez el perjudicado fue el Levante en su último encuentro ante el Granada.

Una acción en la que no cabe duda a interpretación del colegiado; es o no es fuera de juego, pero para algo estaba Iglesias Villanueva en la sala VOR.

Alejandro Hernández Hernández

Pese a tener cara de no haber roto ningún plato, el lanzaroteño es capaz de cargarse partidos con sus decisiones. Sus apellidos no son casualidad y es probable que sus padres sean hermanos, algo que explicaría todo perfectamente.

Entre sus acciones más controvertidas destaca la mano de Felipe en el derbi de la pasada temporada. La acción puede caber a interpretación del árbitro, pero no sería la primera vez que se señala como penalti este tipo de acciones. En aquella ocasión, tras revisar la jugada varias veces en el monitor, no concedió penalti a favor de los blancos.

Pablo González Fuertes

El último en entrar en esta lista, pero no por ello menos malévolo. No contento con copiarle el peinado a Mateu, también ha querido imitar la manera en querer ser protagonista en los partidos. Esta especie de Gargamel es capaz de encararse ante todo un Joselu.

Recientemente, dejó una actuación memorable en el Levante – Atlético de Madrid. Su arbitraje fue tendencioso cuanto menos. Privó a los rojiblancos de llevarse los tres puntos por culpa de una mano de Lodi dentro del área en la recta final. Sin embargo, antes de ello, regaló otro penalti a los granotas y expulsó a Simeone por reclamar amarilla. No contento con esto, a los locales les cortó dos contragolpes, uno con el pitido del final de la primera parte y otro con el del final del partido. La guinda fue la expulsión a Rober Pier por esto último.

El partido es para que lo vea entero cualquier aprendiz de villano. El único árbitro capaz de pitar fuera de juego en un saque de banda.

Mención especial para Alberola Rojas y su chulería. Su papel como tronista en televisión no funcionó y ahora paga su rabia con los veinte equipos de la Liga Santander. Haría buenas migas con Deulofeu en el parking de Fabrik.

Después de cada jornada siempre hay algún error de bulto en el que, normalmente, están como protagonistas alguno de estos sujetos. No son los únicos, ni mucho menos. El error de un ser humano es algo natural, pero lo que no es natural es que con la tecnología del VAR no quieran enmendar el error. Si yo cometo una cadena de errores en mi trabajo primero me dan un toque de atención y, si lo hago de manera reiterada, pueden llegar a echarme.

En el comité arbitral, lejos de despedir a los que hacen mal su trabajo, se les designan encuentros de mejor cartel. Pero, sin duda alguna, el poder más fuerte de este colectivo, incluso mayor que la impunidad de sus acciones, es la censura a aquellos jugadores, técnicos o presidentes que realizan críticas de manera pública. No les gusta que ninguna voz importante les destape. Nunca he visto reconocer a un árbitro un error, lo que pone aún más de manifiesto su soberbia.