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La historia interminable

Esta guerra, desde que empezó, tuvo pinta de ser “a ver quién la tiene más grande”. Será la chequera, supongo, porque tanto Superliga como UEFA están dispuestos a ir con todo y llegar hasta el fondo del asunto. La batalla judicial solo ha hecho más que comenzar. Los tira y afloja se suceden desde un bando y desde el otro. Todas las amenazas están teniendo y tendrán unas víctimas que poco tienen que ver en este pleito: futbolistas primero, y aficionados por consiguiente.

UEFA quiere sancionar a los clubes fundadores de la Superliga. Superliga quiere demandar a UEFA por monopolio. Los contendientes son claros y sus alegaciones también. Las consecuencias que puede haber son terribles, siempre y cuando las amenazas de unos y otros no sean meros faroles. Imaginen una Champions sin Benzema, Messi o Cristiano. Este último rey de la competición. En ese momento, Florentino, Laporta o Agnelli estarán bien jodidos para retener a sus estrellas. Entonces si que Florentino puede hablar, con razón, de que están arruinados y veremos las primeras consecuencias. A ver cómo ilusiona Florentino a su afición con Rafa Mir en vez de con Mbappé o Haaland. A ver cómo Laporta convence a Messi para que renueve y pueda montar un proyecto ganador. ¿Qué jugadores van a querer ir a un equipo vetado dos años de poder jugar competición Europea?

A priori, el mango por la sartén lo tiene la UEFA, pues es el único organismo deportivo europeo que existe como tal. Su único rival son los juzgados. Lo más seguro es que haya una sanción si finalmente se concluye, como todo hace indicar, que la UEFA está en una situación monopolística. Los clubes aferrados al proyecto de Superliga tendrán sanción, otro tema es que se cumpla.

Los precedentes con más similitudes los encontramos en la “sanción” de la UEFA al Manchester City sin jugar competición europea por incumplir el fair play financiero. Sí, esa sanción que quedó en nada porque el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS por sus siglas en francés) así lo decidió. No es de extrañar que Ceferin y Al Mubarak, presidente del Manchester City, tengan tan buena relación. El presidente del conjunto sky blue dinamitó la fuga de los equipos ingleses de la Superliga. Fue el alumno más listo de esa clase. Obtuvo el perdón de la exigente afición inglesa y el de Ceferín. Por todo ello, será complicado ver una sanción dura para los clubes arrepentidos en comparación con los que aún están el barco de la Superliga (Barça, Real Madrid y Juventus). Porque que no quepa duda que la habrá.

Como dije cuando se armó el pifostio, UEFA y Superliga están condenados a entenderse. La revolución en el fútbol europeo vendrá, de manos de unos o de otros pero vendrá. O UEFA cede o tendrá problemas judiciales por la cabezonería (y la razón) de Florentino Pérez, que no va a permitir caer derrotado. En lo que me atañe a escribir estas líneas es que la summeriana tan esperada de Madrid y Barça este verano puede verse muy afectada una vez haya alguna primera resolución en este largo conflicto que se nos avecina. Cuidado porque en agosto los fichajes para catalanes y madrileños pueden ser Hazard, Jovic, Bale, Coutinho, Braithwaite o Griezmann.

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