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Sí al VAR, pero sólo cuando interesa

El Real Madrid venció en el Camp Nou por un contundente 1-3 hurgando así en la yaga deportiva e institucional que tiene abierta el Barça. Como en todo buen Clásico, la polémica arbitral está siempre a la orden del día y el disputado el sábado no iba a ser menos. Un agarrón claro -importante lo de claro por cuestiones a señalar posteriormente- de Lenglet a Ramos era castigado con la pena máxima que anotaría el central sevillano adelantando al conjunto blanco en el marcador.

Parece ser que esta es la única polémica arbitral en todo el encuentro. No está del todo mal si tenemos en cuenta la ingente cantidad de Clásicos que en los que los supuestos errores arbitrales eran lo único a comentar por ambos equipos. Unas veces con razón y otras, la mayoría, sin ella. Pero en todos los partidos sale un equipo algo más descontento que el otro. Normalmente esto sucede debido a los resultados, pero también puede ocurrir con las decisiones arbitrales. En este caso, parece ser que el actual técnico del F. C. Barcelona, Koeman, se disgustó mucho por los errores de los colegiados. Incluso más que por la lamentable imagen que sus jugadores dieron en el último tercio del encuentro.

El holandés afirmaba en rueda de prensa: “Le he dicho al árbitro que ojalá me puedan explicar el tema del VAR aquí en España. En cinco jornadas, el VAR sólo entra en contra del Barça. No entró en el penalti del Sevilla a Messi, en las dos rojas de Getafe, hay varios ejemplos… ¿Por qué sólo hay VAR en nuestra contra? Eso le he preguntado al árbitro”.

El VAR ha venido para quedarse, o al menos eso espero. Ver un partido de fútbol actual sin VAR parece completamente arcaico y descontextualizado. El VAR no es perfecto, pero sí ha solventado muchas acciones dudosas que en otros tiempos no se habrían pitado. Agarrones, faltas, expulsiones, goles fantasma o fueras de juego son algunas de las jugadas en las que el videoarbitraje más interviene. Y está bien, aunque todavía queda mucho margen de mejora.

Sin embargo, hay un concepto en el fútbol que es el de la compensación arbitral. No en pocas ocasiones se ha escuchado decir a los comentaristas aquello de “esta amarilla es por la otra” o “no era penalti, pero lo ha pitado para compensar”. Un término que, en principio, no tendría cabida en el fútbol y mucho menos en el fútbol moderno. Pero el concepto existe y persiste. Los entrenadores y jugadores hablan de que el VAR no les beneficia cuando el VAR no debería beneficiar a nadie. El VAR, al igual que el arbitraje, está hecho para que se respeten y cumplan todas las reglas de un juego complejo como lo es el fútbol. Si un equipo comete más infracciones que su rival, será sancionado con la dureza y proporcionalidad necesarias. Punto y final. Pero el VAR no compensa; es decir, el VAR no piensa en el penalti de la jornada anterior que no fue señalado porque ni tiene ni necesita una mentalidad socializada y global. El VAR debe mostrar al árbitro las imágenes que demuestran la existencia o no de un hecho dentro del terreno de juego. Ni más ni menos.

Ronald Koeman habla de un supuesto pacto de todos los árbitros con el fin último de beneficiar a los rivales del Barça. Lo hilarante del asunto es que cuanto más claro se dice, más ridículo resulta. El Betis por su parte se sumó a la polémica en redes sociales cuando publicó un tuit en el que comparaba dos acciones de dos partidos distintos sin contexto alguno. La diferencia del asunto es que al Betis le señalaron una falta anterior cuando en el penalti señalado a Ramos esta circunstancia no existía. Pero todo es mucho más fácil con emoticonos y sin argumentos.

El fútbol es un deporte con muchos años de tradición y, como ya ha sucedido anteriormente, el VAR es una nueva herramienta para aplicar el reglamento. Resulta francamente cómico criticar una decisión arbitral evidente cuando se tienen cientos de tomas de una acción cualquiera. El árbitro y el VAR son los encargados de verlas, analizarlas y tomar una decisión final que, como siempre, no será para el gusto de todos. Pero la justicia es un término que ya flaquea en la sociedad actual y el fútbol no escapa de ello.

Como dirían nuestros amigos de Panenka: Sonrían, es fútbol.

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